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El ANÁLISIS POLÍTICO Y LA CIENCIA POLÍTICA EN PUERTO RICO HOY

por: Prof. Juan Marcano Medina



Nuestro análisis político está caracterizado por el reduccionismo, la inexactitud y la incoherencia. La ciencia política rara vez forma parte del mismo. Con contadas excepciones, entre las que destacamos a los profesores Ángel Rosa y Néstor Duprey, los analistas en los medios no son politólogos y a duras penas manejan con eficacia algún sub-campos o tema de la disciplina. De ahí que el análisis que nos entregan sea uno simplón e inclinado a la exageración e incluso, en ocasiones, a la demagogia. Añádale a la ecuación los ribetes ideológicos coloniales que limitan nuestro discurso político y el resultado es un análisis superficial, sesgado y poco responsable. Encima su péndulo oscila casi exclusivamente entre los dos polos corroídos del escenario político partidista tradicional, rojo y azul.

Sumémosle ahora el hecho de que muchos analistas parecen estar animados más por el afán de entretener que por el fin de educar a su audiencia. Por tanto, su análisis tiende a ser más un ejercicio en distracción que a ser un vehículo de formación. Es decir, el contenido del análisis que nos brindan no tiene como fin contribuir a un entendimiento crítico de nuestra realidad ni mucho menos a informar de forma efectiva la discusión pública de nuestros problemas. No obstante, ello no significa que este análisis ligero no tenga intenciones de impactar la opinión pública. Empero dicha intencionalidad se ve cuestionada no solo por la falta de profundidad en el análisis, sino por la sospecha de que en vez de informar la discusión pública la desinforma.

En medio de la crisis socio-política más profunda que hemos experimentado en nuestra historia el examen de la realidad permanece estancado en las viejas controversias y mitos coloniales. Su contenido superfluo es de hecho sintomático del propio colapso que se pretende analizar. La ausencia de la ciencia política tiene como efecto el que el análisis de nuestros problemas carezca de rigor y substancia, tornándolo irrelevante.

La ciencia política es una disciplina con campos de estudios precisos y especializados, con estructuras teóricas propias y un amplio acervo de conocimientos. El examen de las energías y mecanismos que dinamizan nuestra vida política no puede hacerse al margen de estos saberes y enfoques ni mucho menos falseando o pervirtiendo los mismos. Tampoco se puede enajenar ni a la historia ni a la conciencia colectiva sobre los hechos del pasado que han dado forma y que activan nuestro presente y que le imprimen un carácter específico a nuestra actual realidad. Empero, el análisis político al que se nos tiene acostumbrados recurre muchas veces a enfoques ahistóricos y antiacadémicos que chocan de frente con la politología.

Cuando más necesitado anda el Pueblo de un análisis político formativo que recree y forme parte de un espacio político abierto y transformativo se nos ofrece un ejercicio retórico que reproduce la cerrazón colonial y que termina limitando la discusión pública. Ni tan siquiera la profundización de la crisis causada por el huracán María—que vino a terminar de desnudar todos los males de la colonia transformado nuestra crisis en catástrofe—ha ocasionado un cambio radical en el modo ni en la calidad ni en la profundidad del análisis de nuestra realidad socio-política. Los medios tradicionales continúan reproduciendo prácticamente la misma formula hermética de análisis en donde la ciencia política al igual que otros saberes generados por las disciplinas en el campo de las ciencias sociales están ausentes.

El científico político estadounidense, Samuel P. Huntington, dijo una vez que “donde la democracia es fuerte la ciencia política es fuerte y donde la democracia es débil también la ciencia política lo es.” Sugería Huntington, además, que los regímenes autoritarios no necesariamente producen una ciencia política robusta. Y debo añadir que allí donde el análisis político es débil, superficial y cerrado a la ciencia política la democracia es igualmente débil.

Obviamente, la situación del análisis político en el País es reflejo de la situación política que la retroalimenta; una situación colonial que por su propia naturaleza tampoco es genuinamente democrática ni realmente abierta. En fin, Puerto Rico es hoy una sociedad políticamente cerrada donde el análisis político lejos de cumplir con un rol educativo transformador tiende a lo contrario, haciéndole así un muy flaco servicio al desarrollo de nuestra democracia. Pero la culpa no es del todo de los analistas ni de los medios, ni tampoco totalmente del régimen colonial. A la ciencia política y a los científicos políticos puertorriqueños también les hace falta mayor presencia y alcance en el análisis de los problemas políticos al que se enfrenta el País desde una óptica descolonizadora. Tanto la ciencia política, como el análisis político así como la misma democracia puertorriqueña demandan mayor apertura, robustecimiento y trascendencia.

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